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The James Bond 007 Dossier

Bond, James Bond.

3. February 2016 07:14
by m
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Playboy Argentina Celebrates 50 years of James Bond 007

3. February 2016 07:14 by m | 0 Comments

If you have explored many of the other issues of Playboy we have posted here, you will be experiencing a lot of deja vu as you browse through this one. We've already seen the cover at least twice before, once on the Greek Issue from the same month, but also as far back as the Romanian Issue from November 2008. The "Being Bond" artwork and the 5 pages that follow it were also in the Croatian issue, and of course the naked Bond girls are in almost every James Bond Special. At least here, many of them get a full page. Finally, there is a reprint of the interview with Ian Fleming from the December 1964 issue, although this is the first time I have seen it in Spanish. In all, there are 39 pages of James Bond goodness!

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Ian Fleming

Texto y fotos Archivo PLAYBOY Estados Unidos

Aunque fue discriminado -en vida y aún después de su muerte-por el establishment literario, Ian Lancaster Fleming se convirtió en uno de los escritores más exitosos de la industria a partir de su máxima creación: James Bond, el espía más famoso del mundo. En esta entrevista publicada en diciembre de 1964, cuatro meses después de su muerte, el británico cuenta cómo su pasado en los servicios de inteligencia de la Armada durante la Primera Guerra Mundial y sus trabajos como periodista resultaron clave para el origen de 007. Además, su visión de Bond, como sólo su creador puede detallar. En el mes del estreno de la nueva película de la saga, aquí una pintura única de un bon vivant cuya vida es poco conocida a pesar de su tremenda influencia en la cultura contemporánea.

_Desde que Edgar Alian Poe inventó la historia de detectives moderna con Los asesinatos de la calle Morgue, los expertos practicantes

de esta forma de literatura se han encontrado con grandes audiencias y grandes recompensas materiales. En esta procesión, Ian Fleming, creador de lames Bond, agente secreto sin igual, tendrá por mucho tiempo un lugar preponderante. Sus publicistas han vendido 30 millones de copias de sus 12 libros en 12 años, un par de millones más o un par de millones menos. Hay pocas comunidades alfabetizadas en el mundo, desde Hong Kong a Helsinki, en las que no sea leído hoy en día. Incluso aquellos que leen idish o siamés necesitan que no se los prive del placer de su compañía literaria, aunque Fleming, a los 56 años, murió de un ataque al corazón -no es el primero que ha tenido- a finales de este verano (N. de la R.: falleció el 12 de agosto de 1964, cuatro meses antes de publicada esta entrevista). Él supo por algún tiempo que tenía pocas expectativas de vida. Aún así, en las cuatro horas entre el comienzo del ataque y su muerte en el hospital de Canterbury, se las ingenió para mantener la imagen de urbanidad que lo distinguió: camino a la guardia de emergencia, le dijo al personal de la ambulancia que lamentaba haberlos tenido que molestar. Eso es algo que la mayoría de los hombres ingleses de su clase hubieran dicho, casi como mera formalidad, pero también fue muy al estilo James Bond. No existen dudas de que su propio personaje y el que él ha creado estaban intrínsecamente interrelacionados en la mente de Fleming.

A pesar de, o quizás en parte debido a, su enorme popularidad, el establishment literario no le prestó mucha atención a Fleming en vida, ni tampoco mucho más a su muerte. En general, el juicio sobre su valor puede ser deficiente, ya que todavía es leído cuando novelistas de supuesta estatura han sido olvidados. Él tenía un punto de vista original; era un innovador: su elemento central, el salvajemente improbable lugar en el que transcurría la historia contra un fundamento meticulosamente detallista y de alguna manera creíble, era extremadamente entretenido; y su protagonista formidable, implacable e indestructible, aunque algunos pensaban que era un personaje extrañamente chato, puede no ser el chico de este siglo sino del siguiente.

Muchos meses antes de su muerte, Fleming accedió a nuestro pedido para una entrevista extensa y exclusiva. Nuestro entrevistador dice de ese encuentro:

Me invitó para que lo pase a buscar para ir a almorzar por su oficina de Londres en Mitre Court, un desvío entre Fleet Street y los Colegios de Abogados, lo que quiere decir, entre los mundos del derecho británico y el periodismo. La recepción estaba precedida por una mujer agradable y serena cuyas formas no eran diferentes de las de Miss Moneypenny en los libros de Bond. Ella me mostró el camino hacia la oficina, un estudio elegante alfombrado en un tono vino tinto, ordenadamente repleto de pruebas de galera e inmaculadamente decorado con un espejo con marco dorado, un portaplumas de bronce, cenicero, encendedor y buzones carmesí. Un Homburg negro, un paraguas y un impermeable Burberry azul oscuro colgaban de ganchos detrás de la puerta. Cuando entré, Fleming se levantó de detrás de su escritorio con cobertura de cuero para indicarme una silla para que me sentara. Un hombre alto, delgado, tendiente a ser florido, que llevaba un traje color azul marino de corte típicamente inglés marcado por una sola excentricidad: puños en las mangas; camisa celeste y moño blanco y negro, anudado con una holgura típica de Churchill. Intercambiamos saludos. Él era suave, entretenido, sarcástico, pero uno podía presentir que era una persona amable. Más que otros, el hombre inglés refleja su momento en la vida con su aire, actitud y discurso; y uno, versado en estos asuntos, podría ubicar a
Fleming inmediatamente y con precisión. Fue al colegio Eton y Sandhurst, heredó dinero, al servicio del Gobierno, viajante de mundo, seguridad social. No se había casado hasta los 43 años. La señora Fleming era Anne Geraldine Charteris, exesposa de Lord O’Neill y de Lord Rothermere, dueño del Daily Mail de Londres.

Después de algunos minutos, dejamos la oficina y fuimos a El Vino, una taberna venerable de la calle Fleet en donde uno puede beber desde el tonel en lugar de la botella. Yo prefería beber un whisky con agua, pero por consideración a la posición de mi acompañante como gastrónomo, me decidí por un amontillado. Su elección me sorprendió: brandy y gaseosa de jengibre. Después fuimos a almorzar a White Tower, un restaurante de merecida reputación en Londres en el que compartimos una comida superlativa con excelente vino, y hablamos de lo que se nos venía a nuestras mentes; fuimos los últimos en abandonar el lugar alrededor de las tres. Declaramos nuestra mutua comodidad y planificamos otra cita para diez días después, esta vez en Mitre Court, en donde finalizamos la entrevista.

Playboy — Algunos psicólogos creen que la neurosis es un invitado necesario del impulso creativo: como escritor creativo, ¿está usted de acuerdo?

Fleming — Creo que es verdad. Considero que para ser un escritor creativo o creativo en cualquier otro aspecto, uno tiene que ser neurótico. Yo ciertamente lo soy. No sé exactamente de qué manera, pero lo soy. Soy bastante melancólico y probablemente un poco maníaco también. Se trata probablemente de un tema complicado, y me temo que mi interés en él no es más profundo que simplemente reconocer que la premisa se aplica a mi persona. Posiblemente todo comenzó con una infancia llena de privilegios.

Playboy — De acuerdo con las biografías publicadas, su familia tenía grandes esperanzas de insertarlo en una distinguida carrera militar. Después de inscribirlo en la exclusiva academia Sandhurst supieron de su decisión de último momento, al recibir su orden: “Prepararse”. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

Fleming - No acepté mi orden de Sandhurst simplemente porque ellos habían de repente decidido mecanizar la Armada, y muchos de mis amigos y yo decidimos que nosotros no queríamos ser manos de garaje glorificadas, y que los grandes días de los regimientos de caballería estaban terminando, o en breve terminarían para siempre; no más polo, no más caza de jabalíes y todo eso. Así que muchos de nosotros, habiendo recibido nuestras órdenes, renunciamos a ellas. Yo nací en 1908; esto debe haber sido aproximadamente en 1925, y una desilusión de ese estilo, y otros estilos más serios, era común en ese entonces, como usted ya sabe. Mi madre estaba furiosa. Mi padre había muerto en la Primera Guerra, y mi madre se sentía responsable por imponernos disciplina a mí y a mis tres hermanos, quienes estábamos comportándonos espléndidamente. Ella insistió en que yo debía hacer algo, algo respetable, y entonces opté por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Me fui del país para aprender idiomas. Fui a la Universidad de Ginebra y a la Universidad de Munich. No me considero un lingüista, pero sé francés y alemán muy bien, porque son necesarios si uno tiene una inclinación seria hacia los Asuntos Internacionales. Uno tiene que tener un francés y un alemán de primera clase y alguna otra lengua, la que en mi caso fue el ruso. Los idiomas son todo lo que me quedó de mi educación.

    “CONSIDERO QUE PARA SER UN ESCRITOR CREATIVO O CREATIVO EN CUALQUIER OTRO ASPECTO, UNO TIENE QUE SER NEURÓTICO. YO CIERTAMENTE LO SOY”

Playboy — Además de permitirle salpicar sus libros de James Bond con términos extranjeros y partes de conversaciones, ¿han sido valiosos los idiomas para usted? Fleming — Son una extensión de la vida de uno por lo general, mientras que todo lo demás que aprendí, álgebra y trigonometría y todo eso, lo he olvidado por completo, y hasta donde yo sé, nada de eso me fue de utilidad. Pero saber idiomas es de mucha ayuda. Uno tiene que vivir fuera del país durante dos años al menos para aprender un idioma. Cuando regresé a casa, hice el examen del Ministerio de Asuntos Internacionales, pero quedé en el séptimo lugar y sólo había cinco vacantes, y eso fue todo. Entonces comencé a buscar un trabajo que encajara con los talentos y habilidades que yo poseía. Todo lo que había hecho hasta ese momento, además de estudiar mucho, había sido comenzar a coleccionar. Había decidido, después de ocuparme de primeras ediciones durante un tiempo, que coleccionaría libros que marcaran un cambio de ángulo en el pensamiento mundial sobre un tema en particular, un libro de valor permanente en la historia del mundo. Comencé a pensar en cada actividad humana, desde el arte hasta los deportes y la física, y con la ayuda de un gran amigo mío, quien aún es vendedor de libros, hicimos una lista de grandes libros del mundo desde el 1800. Los libros van desde El Capital de Karl Marx hasta el primer libro de Ely Culbertson sobre bridge, el cual cambió el mundo del juego del bridge. Esta colección creció de manera gradual hasta alcanzar los 2.000 ejemplares, todas primeras ediciones, todas en el mejor estado posible, y hoy en día es una de las colecciones privadas de mayor valor en el mundo. Fue considerada de una importancia tal que la biblioteca Bodleiana en Oxford la cuidó durante la Guerra. Está guardada ahora a la espera de que podamos entrar en la casa que estamos construyendo cerca de Oxford, en donde puedo tener una biblioteca apropiada, la cual no he tenido nunca antes. Incidentalmente, mezclado con eso, más tarde compré una pequeña revista, The Book Collector, que es probablemente la revista bibliográfica líder en el mundo.

Playboy — Usted decía que estaba buscando un trabajo.

Fleming — Sí, y finalmente encontré uno. Debido a un hombre llamado Sir Roderick Jones, quien era el presidente de Reuters y amigo de mi madre, yo entré en esa gran agencia internacional de noticias. Me quedé allí tres años y viví el momento más excitante de mi vida, porque en esos días el trabajo de las agencias de noticias era como un partido de fútbol gigantesco y Reuters y Associated Press, de los Estados Unidos, eran parte del grupo Allied Agency, y había piratas como United Press e International News que intentaban penetrar nuestros territorios en todo el mundo. Tuvimos algunas batallas soberbias en Alemania y en Rusia, y todo era muy disfrutable. Fue en Reuters que aprendí a escribir rápido, y, por sobre todas las cosas, a ser preciso, porque en Reuters si uno no era preciso, lo echaban, y eso era el final.

Playboy — ¿Haría todo eso de nuevo? Fleming — Bueno, si el mundo estuviera como estaba en los años ‘30, yo haría lo
mismo que hice entonces. Pero hoy, con el mundo como está, debo decir, no sé qué haría. Viajaría mucho, encontraría algún trabajo que me llevara alrededor del mundo, y pienso que probablemente regresaría al trabajo del periódico, como un hombre de noticias de la televisión, creo. Por supuesto, para hacer eso uno debe ser joven y fuerte y, yo supongo, romántico; es algo diferente si uno tiene 56 años y una esposa y un hijo.

Playboy-¿Qué lo llevó del periodismo a

la Inteligencia Naval?

Fleming — Bueno, cuando dejé Reuters trabajé un poco en The City (el distrito financiero y de negocios de Londres) como socio en Rowe y Pitman, una de las grandes empresas inglesas de agentes de bolsa, unos tipos extremadamente agradables. Era una especie muy encantadora de club de ciudad, aún son grandes amigos míos, pero me cansé, y The Times me dio un trabajo como corresponsal en Moscú en una misión comercial. Cuando regresé en marzo o abril de 1939, de pronto comencé a oír preguntas graciosas que se hacían sobre mí, qué sabía yo y cosas por el estilo. Esto resultó en un reclutamiento para un trabajo en Inteligencia Naval: y la razón era que, de todas las personas, le habían pedido al gobernador del Banco de Inglaterra y la cabeza de Baring Brothers, una enorme empresa bancaria y mercantil de The City, encontrar un hombre de mi edad con un buen conocimiento de idiomas y algún conocimiento de The City, que en realidad yo no tenía para nada. De todas formas, terminó con un almuerzo en el Hotel Carlton, con el director de Inteligencia Naval, el Almirante J.H. Godfrey, aún hoy un amigo, y un par de otros personajes callados con ropas sencillas, y de pronto me encontré en el Ministerio de Marina con un rango honorario de teniente en la Reserva de Voluntarios de la Naval Real, y nombrado Asistente Personal del Director de Inteligencia Naval. Me quedé en ese empleo durante toda la Guerra.

Playboy — ¿Cuáles eras sus deberes? fleming — Mi trabajo me llevó justo adentro de todo, incluyendo todos los asuntos más secretos. No pude haber tenido una Guerra más excitante o interesante. Por supuesto, fue mi experiencia en Inteligencia Naval, y lo que aprendí sobre operaciones secretas de una clase u otra, lo que finalmente me llevó a escribir sobre ella, de una manera altamente recortada, con James Bond como figura central.

Playboy — ¿Realmente se quedó con el nombre James Bond, como se ha dicho, porque había estado leyendo un libro escrito por un hombre con ese nombre, y usted pensó que sonaba “apropiadamente chato y sin color”?

Fleming — Sí, es así. Fue Birds of the West Indies de James Bond, una obra famosa sobre ornitología, y yo quería que mi héroe fuese un instrumento anónimo y que la acción lo transportara. Yo no creía en los tipos heroicos al estilo Bulldog Drummond (detective privado creado Hermán Cyril McNeile). Quiero decir, no creía que pudieran existir en la literatura. Yo quería que este hombre más o menos siguiera el patrón de los héroes de Raymond Chandler o de Dashiell Hammett; gente creíble, héroes creíbles.

Playboy — Un crítico ha escrito de Bond: “Él es el chico malo que está latente en cada buen ciudadano”. ¿Usted está de acuerdo? Fleming — No creo que él sea necesariamente un hombre bueno o malo. ¿Quién es él? Tiene sus vicios y muy pocas virtudes perceptibles excepto el patriotismo y el coraje, los cuales probablemente ni siquiera sean virtudes. Ciertamente entiende poco de política, pero creo que lo que tiene de política está un poco a la izquierda del centro.

Y    tiene poca cultura. Él es un hombre de acción, y lee libros de golf, cuando lee algo. Estoy de acuerdo en que no es una persona de mucho atractivo social. Pero bueno, yo no intenté que fuera una persona particularmente agradable. Él es un número, un instrumento rudo en manos del gobierno.

Playboy-A usted se lo ha citado diciendo que personalmente no le gusta Bond. ¿Es cierto?

Fleming-Bueno, he vivido con él durante

12 años, y nos hemos metido en problemas cada vez más profundos juntos. Por lo tanto, he llegado a cierta empatia con lo que va a suceder con él, lo que sea que eso sea.

Playboy — ¿A veces cree que usted es Bond, y Bond es Fleming?

Fleming-No, Bond es una versión alta-
mente romantizada de nadie, pero no mía, y ciertamente no podría mantenerme a su altura; no podría haberlo hecho ni siquiera a su edad, la cual es, y siempre ha sido, en la mitad de los treinta. Él es una especie de amalgama de tipos duros románticos, vestidos con ropas del siglo XX, usando un lenguaje del siglo XX. Creo que es más leal al tipo de héroe moderno, a los comandos de la última Guerra, y a algunos hombres del servicio secreto que he conocido, que a los héroes de cartón de los thrillers antiguos.

Playboy — ¿Considera que su hazaña sexual y su modo insensible para con las mujeres es fiel a la vida, incluso entre comandos y hombres del servicio secreto? fleming — Naturalmente, no; pero vivimos en una era violenta. La seducción, hasta un punto marcado, ha reemplazado al cortejo. La aproximación directa no es la excepción; es el estándar. James Bond es un hombre saludable, violento, no es cerebral. No diría que es típico de nuestros tiempos, pero él es de otros tiempos. Bond es indiferente; es desprendido. Pero es un hombre creíble, alrededor del cual intento tejer una gran red de excitación y fantasía. En eso, al menos, tenemos muy poco en común. Por supuesto, hay similitudes, ya que uno escribe sólo de lo que uno conoce, y algunas de las peculiaridades y características que le doy a Bond son las que yo conozco. Cuando hago que fume determinados cigarrillos, por ejemplo, es porque yo lo hago también, y sé qué gusto tienen estas cosas, y no me importa darles publicidad gratis.

Playboy — ¿Incluyendo los cigarrillos dorados de tabaco de los Balcanes y turco mezclado para Bond por Morland’s de Grosvenor Street? fleming-Sí. ¿Por qué no?

Playboy — ¿No es esa una marca indiscretamente llamativa para que fume un espía?

fleming-Por supuesto que lo es. Ningún agente que se respete a sí mismo usaría cosas así. Fumaría Player’s o Chesterfield. Pero los lectores disfrutan esas idiosincrasias, y las aceptan, porque no se detienen a pensar en eso. El secreto de mi agente secreto es bastante transparente, si uno lo piensa por un momento. Pero el ritmo de la narrativa lo lleva a uno por estos pequeños rincones

    “NO CREO QUE BOND SEA UN HOMBRE BUENO O MALO._ TIENE SUS VICIOS Y MUY POCAS VIRTUDES PERCEPTIBLES EXCEPTO EL PATRIOTISMO Y EL CORAJE, QUE QUIZÁS NO SEAN VIRTUDES”

desagradables. Es una operación de pres-tidigitación. Es darle demasiado poder al lector. Uno lo hace interesarse tanto en la narrativa que él no se conmueve por estas incongruencias. Supongo que lo hago para demostrar que puedo hacerlo.

Playboy — ¿Por qué usted les presta tanta atención a los detalles en sus libros? fleming — La razón principal es que estas cosas me interesan. Yo soy un observador, creo, y cuando camino por la calle o cuando entro en una habitación, observo cosas y las recuerdo con mucha precisión. Me entretiene usar mis poderes de observación en mis libros y al mismo tiempo contarle a la gente cuáles son mis objetos favoritos y mi comida y licores y aromas favoritos. Los detalles exactos de vidas privadas individuales y gustos privados son extremadamente interesantes para mí. Creo que incluso la manera en la que un hombre se afeita por la mañana vale la pena grabarla. Cuanto más tenemos de este tipo de detalles sobre un personaje, más interesados estamos en él. Yo tomo nota de esos detalles constantemente; escribo mis pensamientos y comentarios.

Playboy-¿Está usted interesado en las
habilidades de ciertos especialistas? ¿Se saldría de su camino para, por ejemplo, conocer a Chic Gaylord de Nueva York, quien hace revólveres y pistolas a pedido para la policía de Nueva York y el FBI?

fleming-Honestamente, los expertos en

estos temas me aburren. Obviamente, quiero conocer los hechos. Si una funda de pistola Gaylord es mejor que un Berns-Martin, quiero saber sobre eso, pero ahí termina mi interés. Sin embargo, no soy un mal tirador; de hecho, una vez disparé para Sandhurst contra West Point. Y sólo para ver que mi mano no temblaba tanto. Me gusta dispararle a una lata o algo de vez en cuando.

playboy — Hablando de armas de fuego, ¿le entretiene que el recurso de su imaginación, el permisivo prefijo doble 0 de Bond, que le da licencia para matar, pueda ser tomado en serio por sus lectores cuando, de hecho, ningún agente de inteligencia encuentre necesario matar en la línea del deber, o que pudiera ser considerado que él tiene el derecho de hacerlo?

fleming - Bueno, aunque esto fue un

recurso puramente de ficción para hacer que el trabajo de Bond fuera más interesante, el prefijo doble 0 no es del todo inventado.
Yo tomé la idea del hecho de que en el Ministerio de Marina, a comienzos de la Guerra, todas las señales secretas tenían el prefijo doble 0. Más tarde eso se cambió por razones de seguridad, pero quedó en mi mente y lo tomé prestado para Bond y él quedó atrapado con eso.

playboy — ¿Cree usted que existe tal cosa como el crimen perfecto? fleming-Bueno, creería que no hay técnica más mortal y eficiente que la que emplea la Cosa Nostra en los Estados Unidos, en donde puede enviarse a un hombre desde Detroit para asesinar a otro hombre que está sentado en un bar en Nueva York y aquel sale caminando sin aparente conexión con el muerto. Eso es casi un perfecto tipo de crimen, el tipo de asesinato que cometen los servicios secretos, en especial los rusos, que han sido muy afectos a esto en Alemania Occidental. El último artilugio, la pistola de gas cianuro, que es más o menos como una pistola de agua llena de líquido cianuro, es un truco particularmente bueno, porque un hombre puede ser asesinado mientras, por ejemplo, sube las escaleras, y cuando lo encuentran, el cianuro se ha disipado y no deja rastro. Es comprensible asumir que le ha fallado el corazón mientras subía las escaleras. Pero hay que ser corajudo para eso, y lo que sea que le permite a un buen asesino funcionar también parece ganarle al final. El espíritu del asesino comienza a fallar, tiene la semilla de la muerte dentro de él. Como yo escribí en uno de mis libros, De Rusia con amor, el problema con muchos de los asesinos como los que contratan los rusos es que ellos se sienten bastante mal cuando ya han asesinado cinco o seis personas, y en algún momento se suavizan o se abandonan, o comienzan a consumir drogas o alcohol. Sería interesante llevar a cabo una encuesta para determinar quién fue el más grande asesino de la historia, quién fue o quién es. Yo no tengo ningún candidato en particular. Pero todos ellos desarrollan una especie de bicho en su interior después de un tiempo.

playboy — A usted se lo ha criticado por ser “obsesivo” con la violencia en sus libros. ¿Siente usted que la acusación es justificada?

Fleming-El hecho simple es que, como

todos los héroes de ficción que tienen una aceptación muy popular, Bond debe reflejar su propio tiempo. Vivimos en una época violenta, quizás la más violenta que el hombre haya conocido. En la última Guerra, 30 millones de personas murieron. De esas, fueron simplemente asesinadas unas seis millones, la mayoría de manera brutal. Escuché decir que yo inventé las crueldades y torturas a las que Bond es sometido. Pero nadie que conozca como yo conozco las cosas que se les hacían a los agentes secretos en la última Guerra, dice lo mismo.

playboy — Hace un momento usted dijo que los asesinos profesionales “desarrollan una especie de bicho en su interior después de un tiempo”. ¿Eso incluye a Bond? fleming — Sí. Le molesta a Bond tener que matar personas, aunque siga saliéndose con la suya, así como se sale con la suya al conducir autos llamativos.

playboy — En libros más recientes lo hizo conducir un Bentley súpercargado. ¿Por qué eligió este automóvil en particular para él? fleming — Probablemente lo elegí porque Amherst Villiers (ingeniero automotriz) fue y es un gran amigo mío y yo aprendí algo de mi amistad con él. Coloqué a Bond en un Bentley simplemente porque me gustaba que
él usara cosas brillantes e interesantes.

playboy — ¿Comparte usted su gusto por los autos exóticos?

fleming — Sí. Me gustaría tener un Bentley súpercargado, pero hoy en día, a los 56 años, después de todo, me gusta un auto que pueda dejar en la calle por la noche y que encienda de inmediato por la mañana y ande a cientos de kilómetros por hora cuando uno quiere y aún así ser confortable. No puedo preocuparme por un auto que necesita arreglos, o uno que me dará más problemas y gastos. Es por lo que he tenido un Thunderbird durante seis años, y me ha funcionado muy bien. De hecho, tengo dos, el de dos asientos y el de cuatro. Los dejos a ambos en la calle, cuando me subo y los enciendo, salen de inmediato, lo que no sucede con muchos automóviles.

playboy — A diferencia de Bond, usted dice que le aburren las armas, y no conduce un auto exótico. ¿Comparte, al menos, su pasión por las apuestas en el casino? fleming — Me gusta apostar. Juego al bridge por apuestas grandes. Me gusta el Chemin de fer. Juego en clubes de Londres, clubes privados. Y puedo ir a Le Touquet, lugares como ese en el continente. Me gusta pensar que soy bastante competente en las mesas de apuestas, supongo que todos pensamos lo mismo, pero gano tanto como pierdo, o un poco más. Me gusta eso, creo que demuestra que no soy un apostador compulsivo, porque al apostador compulsivo no le importa demasiado si gana o pierde. Yo estaba yendo a los Estados Unidos con el director de Inteligencia Naval, el Almirante Godfrey. Estábamos en Estoril, Portugal, y mientras esperábamos nuestro transporte, matamos el tiempo en el casino. Mientras estábamos allí, reconocí a algunos agentes alemanes, y pensé que sería brillante jugar con ellos, quebrarlos, llevarme su dinero. Por supuesto, fue al revés, ellos se llevaron el mío. Sumamente vergonzoso. Ese evento aparece en Casino RoyaleCasino Royale, mi primer libro, pero por supuesto, Bond no pierde. De hecho, él fríamente vence a su oponente.

playboy — Casino RoyaleCasino Royale, y todos los otros libros de Bond han sido escritos en su casa en Jamaica. ¿Cómo es que eligió las Indias Occidentales como su escondite creativo? fleming-Fui a Jamaica por primera vez
enviado por Inteligencia Naval en 1942 para encontrarme con los estadounidenses para ver si podíamos hacer algo acerca de los hundimientos de barcos en el Caribe. Me quedé en el Hotel Myrtle Bank y llovió todos los días, y me encantó. Yo nunca había estado en el trópico y pensé que era fantástico, como supongo que cualquier escocés lo pensaría. Estaba decidido a que al término de la Guerra regresaría y encontraría un terreno, construiría una casa y viviría allí cada vez que pudiera. Resultó de esa manera. Cuando regresé en 1946, pedí prestado un auto a un hombre llamado Sir William Stevenson, quien era el jefe del servicio de inteligencia en los Estados Unidos durante la Guerra; él tenía una casa en Jamaica y yo recorrí y finalmente encontré este lugar al lado del mar. Lo compré y construí una casa que había diseñado mientras trabajaba en el Ministerio de Marina durante los últimos dos o tres años de la Guerra, mientras ansiaba hacer algo más placentero.

Y    voy allí cada año durante enero y febrero y un poco de marzo, y ha sido un gran éxito. Está al lado de un pequeño puerto llamado Oracabessa, y la casa se llama GoldeneyeGoldeneye, un nombre que yo elegí.

playboy-¿Por qué?

fleming - Yo había estado leyendo Reflections in a Golden Eye de Carson McCullers, y me vi envuelto en una operación llamada GoldeneyeGoldeneye durante la Guerra; la defensa de Gibraltar, bajo la suposición de que los españoles habían decidido atacar; y yo estaba profundamente involucrado en la planificación de las contramedidas que se hubieran tomado en ese hecho. Como sea, llamé a mi casa GoldeneyeGoldeneye.

playboy — ¿Pasa mucho tiempo allí frente a la máquina de escribir? fleming — Para nada. Me levanto con los pájaros, alrededor de las siete y media, porque ellos te despiertan, y después me baño en el océano antes de desayunar. No necesitamos usar trajes de baño allí, porque es tan privado; mi esposa y yo nos bañamos y nadamos y volvemos y tenemos un desayuno maravilloso con espléndidos huevos revueltos hechos por mi ama de llaves, que los hace muy bien, y después me siento en el jardín para broncearme hasta las diez. Después recién me pongo a trabajar. Me siento en mi habitación y tipeo 1.500 palabras sin parar, sin mirar atrás lo que escribí el día anterior. Ya he pensado más o menos lo que voy a escribir, y, si cometo muchos errores, pienso: bueno, cuando el libro esté terminado lo cambio todo. Creo que lo principal es escribir rápido para adquirir velocidad narrativa. Después, aproximadamente a las 12 y cuarto, dejo y bajo con el snorkle y la lanza a los arrecifes buscando langostas o lo que haya, a veces las encuentro, a veces no, y regreso, tomo un par de gins y tenemos un muy buen almuerzo, comida jamaiquina; duermo una siesta desde las dos y media hasta las cuatro. Después vuelvo a sentarme en el jardín durante una hora aproximadamente, nado una vez más, y escribo de seis a siete otras 500 palabras; el atardecer viene de repente en Jamaica: a las seis en punto oscurece. Después numero las páginas, que para ese entonces son aproximadamente siete, las pongo en una carpeta, tomo algunos tragos, ceno, a veces juego al Scrabble con mi esposa, quien cree que es mejor que yo en ese juego, pero yo sé que soy el mejor, y después a la cama y a dormir profundo.

playboy-¿Qué hace el resto del año?

fleming — Viajo desde Londres, donde tenemos una linda pequeña casa, al campo, donde tengo un pequeño pero confortable departamento en Pegwell Bay, en Sandwich; eso es Kent. Sigo lo que llamo “semana de dos días de Fleming”, lo que significa que intento pasar al menos cuatro días y cinco noches en el campo y sólo dos en Londres, porque no me gustan las grandes ciudades.

playboy — Sus libros estaban en la mesa de luz del presidente Kennedy, quien se declaró públicamente fan de Bond. Incluso se dijo que Bond era su personaje de ficción favorito. ¿Alguna vez le dijo por qué? fleming-No, no lo hizo. De todas maneras, no creo que Bond fuera el personaje de ficción favorito del presidente Kennedy; creo que era su personaje de aventura favorito. Pero creo que quizás esa especie de arrojo patriótico de Bond coincidía con el propio concepto del presidente de la resistencia y el coraje, y la gracia bajo presión. A muchos políticos parecen agradarles mis libros, creo que quizás porque a ellos les gustan las soluciones, que todo quede perfectamente atado al final. Los políticos siempre esperan soluciones claras, pero rara vez las encuentran.
playboy-¿Tiene otros admiradores entre

las figuras mundiales de mayor renombre? fleming — No lo sé. No creo que el señor Khrushchev sea uno de mis lectores y no nos hemos conocido. Sí tengo entre mis cosas una corta nota escrita a máquina de Joseph Stalin, firmada por él, y, creo, tipeada por él mismo también, en la que dice que lo lamenta pero debe rechazar la entrevista.

playboy - Fue Stalin quien organizó

SMERSH (la Gestapo soviética), que fue adversario de Bond en sus primeros libros. ¿Por qué decidió reemplazarla en Operación Trueno por SpectreSpectre, la banda de conspiradores no alineada ideológicamente? fleming-Cerré SMERSH porque, primero, el propio Krushchev la desarmó, aunque sus operaciones aún son llevadas a cabo por una sección de la KGB. Pero en ese libro, creo que fue Operación Trueno el que estaba escribiendo en el momento de la reunión de líderes que se había propuesto, pensé: bueno, no quiero seguir si es que nos vamos a hacer amigos de los rusos. Los conozco, me gustan, como a cualquiera le gustarían los chinos si los conociera. Pensé: no quiero seguir fastidiándolos de esta forma. Entonces inventé SpectreSpectre, como una organización del crimen internacional que tenía elementos de SMERSH, de la Gestapo y la mafia, de la vieja Cosa Nostra, que, por supuesto, es un recurso de ficción mucho más elástico que SMERSH, que no era un recurso de ficción, sino que era real. Pero esa fue la razón por la que lo hice, para no molestar demasiado a los rusos. Pero si siguen apretando pistolas de cianuro en los rostros de las personas, los tendré que convertir en cosa mía nuevamente.

playboy — El escritor Raymond Chandler ha dicho de usted: “Él escribe de manera más correcta, limpia, concisa y vivida que la mayoría de nuestros novelistas serios”. Por otro lado, el crítico de The New York Times, Anthony Boucher, ha dicho que usted escribe “extremadamente mal”. ¿Algún comentario sobre estas apreciaciones contrastantes?

fleming - Me atrevo a decir que Ray

Chandler dijo eso porque era amigo mío.

Y    en cuanto a Boucher, a él nunca le han gustado mis libros, y eso demuestra lo buen crítico que es que dice eso. Otros, por suerte, como Cyril Connolly, piensan lo opuesto.
No hay dudas, sin embargo, de que yo -e incluso Boucher- debería escribir mejor. No hay límite para escribir bien. Trato de escribir de manera prolija y concisa y vivida porque creo que esa es la manera de escribir, pero creo que mucho de eso viene, como dije antes, de mi entrenamiento como periodista, cuando tenía que escribir rápido en circunstancias en las que uno tenía que ser prolijo y correcto, y conciso y vivido. Me temo que creo que el entrenamiento de Reuters fue mucho más valioso para mí que toda la literatura inglesa que leí.

playboy — Usted ha dicho que escribe por dinero. ¿Es eso cierto?

fleming-Sí, lo es. Escribo por dinero,

pero también por placer. Estoy muy contento de que las personas digan cosas amables de mis libros porque, naturalmente, si no lo dijeran, yo no ganaría ningún dinero, y por lo tanto no disfrutaría tanto de escribir. Creo que comunicar alegría es un muy buen logro, aún en una forma modesta de literatura que incluye la escritura de thrillers. Pero es cierto que yo escribo por debajo de mi capacidad máxima. Si me decidiera a escribir La guerra y la paz, si me encerrara y decidiera hacer esto y nada más, me atrevería a decir que lo lograría. Hay mucha violencia y sexo en todas las grandes novelas, así que me atrevería a decir que si lo intentara podría tener éxito. Pero estoy más interesado en la acción que en la reflexión. Yo disfruto de la exageración y las cosas más grandes en la vida. Me temo que no podría escribir con suficiente profundidad como para lograr que un thriller se convierta en un clásico.

playboy-¿Por qué no?

fleming — Me interesan demasiado las cosas superficiales, me interesa demasiado mantener un ritmo rápido, escribir con velocidad. Me temo que no tendría la paciencia para desarrollar la introspección psicológica que se necesita y la historia detrás. Pero al final, debo decir, soy muy feliz escribiendo como escribo. Y disfruto mucho de saber que otras personas, personas bastantes inteligentes, piensan que mis libros son entretenidos. Pero no me sorprende, porque me entretienen a mí también.

— FIN —

[Source: Playboy Argentina, November 2012. Copyright © 2012 Playboy. All rights reserved.]

The James Bond Playboy Dossiers

The Playboy interview: Ian Fleming - Playboy, December 1964
Ursula Andress Pictorial - Playboy, June 1965
James Bond's Girls - Playboy, November 1965
Interview with Sean Connery, Playboy November 1965
Ursula - Playboy, July 1966
The Girls of "Casino Royale" By Woody Allen - Playboy, February 1967
Bond Girl Kissy Suzuki (Mie Hama) in Playboy Magazine, June 1967
Bond Girl Lana Wood in Playboy Magazine, April 1971
Bond Gets Sainted, Playboy, July 1973
Bond Girl Barbara Bach Pictorial - Playboy, June 1977
Bond Girl Barbara Carrera Acting Beastly Pictorial - Playboy, July 1977
Bond Girls from The Spy Who Loved Me - Penthouse Magazine, August 1977
Be a James Bond Girl - Playboy, June 1979
The Girls of James Bond - Playboy, July 1979
Cover Girl Barbara Bach - Playboy, January 1981
For your Eyes Only - Playboy, June 1981
Bond Girl Maud Adams - Playboy, October 1981
Barbara Carrera, Playboy Magazine, March 1982
Tanya Roberts - Playboy Magazine, October 1982
Cover girl Kim Basinger, Playboy, February 1983
Playboy - Saving Bond's Women - Playboy, July 1983
Grace Jones in Playboy Magazine, July 1985
The Women of 007 - Playboy, September 1987
Licence to Kill's Loti in Playboy, May 1988
Daphne Deckers Proves Tomorrow Never Dies - Playboy, February 1998
Denise Richards - Playboy Magazine, December 2004
Daniel Craig Interview - Playboy USA, November 2008
James Bond Spezial - Playboy Germany, November 2008
007 Special - Playboy Romania, November 2008
James Bond Quantum of Solace - Playboy Argentina, November 2008
Daniel Craig Interview - Playboy Estonia, November 2008
50th anniversary James Bond Special - Playboy Poland, October 2012
Playboy Greece Celebrates 50 years of James Bond - Playboy Greece, November 2012
Playboy's Guide to Living the Life of 007 - Playboy Croatia, November 2012
Playboy Argentina Celebrates 50 years of James Bond 007 - Playboy Argentina, November 2012
Playboy Germany Celebrates 50 years of James Bond 007 - Playboy Germany, November 2012
The Bond Girl and the Playmate - Playboy Italy, August 2014
Playboy Poland James Bond Spectre Special - November 2015
Playboy Mexico James Bond Spectre Special - November 2015
James Bond - Playboy Nederland - December 2015

 
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